Friday, May 11, 2007

LOS MAYAS. Introducción

Fernando Winfield Capitaine

El área que ocuparon los antiguos mayas comprende un extenso territorio que partiendo de Tabasco, las selvas de Chiapas, Belice, Guatemala y Honduras, termina en el periodo post clásico e histórico hasta la península de Yucatán y Campeche.
En el gran tramo histórico de su vida como alta civilización, se desarrollan varios tipos arquitectónicos, hay influencia de Teotihuacán, se emplean sistemas de numeración, calendario y escritura.
Dice Aveni que en ninguna parte las cualidades de civilización avanzada y los logros intelectuales fueron más admirables que en la tierra de los mayas. La increíble arquitectura de Tikal, la delicada escultura de Copán y el exquisito trabajo en estuco de Palenque no son superados por nadie en América, y rivalizan con los del Viejo Mundo.
Una combinación de circunstancias, entre ellas la mala administración, una revolución popular y posiblemente un cambio de clima, condujeron a una rápida decadencia de la cultura del Clásico, a fines del siglo X d. C. Se deja de utilizar el procedimiento de la Cuenta Larga en las inscripciones mayas como un hecho de que termina toda una época de esplendor.
Los frailes destruyeron todos los libros por considerarlos fuentes inagotables de la idolatría. El primer obispo, Diego de Landa, presidió la gran quema de libros antiguos en la ciudad de Maní; refiriéndose a la destrucción, expresó:
"Hallámosles gran número de libros de estas sus letras y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición ni falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena".
El cronista de Indias José de Acosta también se refirió a los libros mayas y a lo que ocurrió con ellos:
"En la provincia de Yucatán, donde es el Obispado que llaman de Honduras, había unos libros de hojas a su modo, encuadernados o plegados, en que tenían los indios sabios la distribución de sus tiempos, y conocimiento de plantas y animales, y otras cosas naturales, y sus antiguallas, cosa de grande curiosidad y diligencia. Parecióle a un doctrinero que todo aquello debía de ser hechizos y arte mágica. Y porfió que se habían de quemar, y quemáronse aquellos libros, lo cual sintieron después no sólo los indios sino españoles curiosos, que deseaban saber secretos de aquella tierra".
Arrepentido posteriormente, Diego de Landa trató de rescatar de la memoria de los indígenas todo cuanto se refiriera a su pasada civilización. A Fray Diego de Landa se debe la notación fonética del alfabeto maya que posteriormente cayó en desuso para volver a ser utilizada como una clave para el desciframiento de la escritura.

Saturday, April 28, 2007

Estela Papaloapan.
Fernando Winfield Capitaine

Con motivo de la construcción del nuevo edificio destinado al Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana, el Gobierno del Estado de Veracruz-Llave inició las gestiones para que una estela que estaba depositada en una Escuela Secundaria Federal de Ciudad Alemán, municipio de Cosamaloapan, fuera trasladada en calidad de préstamo al Museo de Xalapa con la finalidad de ser exhibida. Correspondió al Lic. Juan Manuel Irigoyen López efectuar el viaje con la pieza a Xalapa en el año de 1985.

Durante las desastrosas inundaciones del río Papaloapan en 1944, fundada la Comisión del Papaloapan, fueron realizados varios trabajos de ingeniería con el objetivo de prevenir futuros desastres en la zona. El río sufrió varios cortes con el fin de rectificar el cauce de sus aguas y producto de uno de esos cortes, probablemente en Tlacojalpan, salió a la luz la pieza arqueológica que designé con el título de Estela Papaloapan.

La Estela Papaloapan tiene una fecha inscrita muy deteriorada cuya reconstrucción de su Cuenta Larga inscrita en su lado "A", indica los numerales 8.10.4.10.0: 4 Ahau 18 Pax que cae el 22 de abril del año de 243 d.C (calendario Juliano). Aparentemente, no hay ningún fenómeno astronómico relevante en la fecha (sea conjunciones o eclipses); lo único es que había luna llena y se apreciaba el planeta Saturno en el firmamento.

La Estela aquí aludida tiene relaciones iconográficas sumamente estrechas cuando menos con dos sitios: Izapa y La Mojarra. Su importancia radica, entre otras cosas, en el hecho de que es el único ejemplo conocido en toda Mesoamérica donde los cuatro lados de la pieza contienen una historia continua de cada una de sus cuatro escenas principales; el orden de lectura es hacia la izquierda desde el punto de vista del observador. El modelo de lectura es como el que ofrecen las vasijas cerámicas de la cuenca baja del río Blanco en Veracruz.

Una limpieza posterior de la pieza por parte de Brígido Lara reveló mayores detalles en el trabajo de las incisiones. Posteriormente, se encargó el dibujo de la pieza al pasante de Artes Plásticas Roberto Ortiz, el cual lamentablemente nunca entregó resultados.

La Estela Papaloapan fue inicialmente reportada por el autor en 1986
[1] y luego en 1992.[2] En este último libro se dijo:

“La estela de Papaloapan que estaba en Ciudad Alemán y actualmente se encuentra en el Museo de Jalapa, cuenta con cuatro caras labradas. En la parte inferior de una de ellas aparece un dios narigudo. La cara A de la estela presenta una escena en la que están dos personajes: el de la izquierda es un anciano que está sentado, señalando con su mano derecha dos columnas de glifos, erosionados en la actualidad; a su derecha está otro personaje, que porta un tocado en forma de serpiente, trae un cinturón con un mascarón, del cual cuelgan tres pendientes de jade; también está señalando las dos columnas de signos. En la cara B de la estela puede apreciarse a un personaje que porta una especie de máscara, ascendiendo por las escalinatas de un templo. La cara C presenta a un personaje de frente con un pendiente trilobulado que cuelga de su cuello y que sujeta un navajón de pedernal para sacrificio; el último lado de la estela muestra a un individuo amarrado con una cuerda y degollado, del cual brotan al menos 5 chorros de sangre desde su cuello, indicando que ha sido decapitado, pues el cuerpo da la impresión de que se está desplomando.”

La Estela Papaloapan tiene el registro GOB 113, está ubicada en la sala 2 del Museo, pertenece al periodo clásico, es de basalto y sus medidas en centímetros son: altura 224, ancho 92 y espesor 50; pesa 3 toneladas y se le describió sucintamente como un personaje masculino con bastón plantador en una de sus caras o lados.

En un trabajo posterior, se le describe equivocadamente como Estela de Los Cerros
[3]

La misma deidad de nariz larga aparece en la parte inferior de una de las cuatro caras (en este caso, la posterior o C) labradas de la Estela Papaloapan; aquí la ceja está tratada esquemáticamente con un bloque cuadrado, lo mismo sucede con una de las entidades que aparecen a los lados del dios de la muerte trabajado en barro crudo de la zona arqueológica de El Zapotal Número Uno, municipio de Ignacio de la Llave.
8 de octubre de 2003
winfer46@hotmail.com

[1] Fernando Winfield Capitaine. Guía de monumentos. Xalapa, Ver., Patronato del Museo de Antropología, 1986, p. 17.
[2] Fernando Winfield Capitaine. Guía Oficial. Museo de Antropología de Jalapa a todo color. México. Gobierno del Estado de Veracruz/INAH-Salvat, 1992, p. 53-54.
[3] Juan Sánchez Bonilla. “Estela de Los Cerros”, p. 11-22. En: Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana. Memoria. Xalapa, Ver., 2002.

Saturday, March 17, 2007


ACOSTA LAGUNES Y EL MUSEO
Por Fernando Winfield Capitaine


Agustín Acosta Lagunes ha sido el patrono del Museo de Antropoogía de Xalapa. Gracias a él tenemos un edficio magnificente y una colección muy bien conservada.
Él contribuyó a aumentar la colección rescatando muchas piezas arqueológicas de los municipios veracruzanos, y comprando piezas que estaban en colecciones privadas y en galerías de los Estados Unidos. Sus asesores en materia de compras fueron Ramón Arellanos Melgrejo (+) Francisco Beverido Pereau (+), Michael D. Coe y Mario Navarrete, entre otros.
El que esto escribe le indicó cuáles eran las piezas falsas que había comprado, que tuvieron un costo de medio millón de dólares; una de ellas fue el llamado “Caballero Águila” que costó 120,000 dólares; se lo dije a don Agustín (que era falsa); habló con el tesorero Pérez Chow quien me vino a ver; se reclamó al vendedor pero ya era demasiado tarde por que ya salía el gobierno; dijo Brígido Lara que la pieza la había manufacturado él.
Gracias a don Agustín se rescató del fondo del río Acula la importantísima Estela 1 de La Mojarra, a la que en la actualidad se le han dedicado más de 200 textos. Dicha Estela demuestra que aquí en Veracruz se descubrió la escritura, la astronomía, el calendario y las matemáticas en el sistema de Cuenta Larga que luego heredarían los mayas; todo ello en el año 156 después de Cristo; 6 años más tarde la Estatuilla de Tuxtla descubierta en 1908 traería incisos el mismo tipo de glifos o escritura.
De ahí pues que fueron grandes las contribuciones de don Agus al Museo.
Lo malo fue que despojaron a las comunidades veracruzanas de su patrimonio arqueológico, que hicieron una arquitectura gringa en el Museo que no es funcional para el clima de México, que quedó a deber dinero a algunas personas que hicieron trabajos extraordinarios (como el que esto escribe, 7,000 pesos), que prometió compensaciones económicas que jamás llegó a pagar; pero en fin, nada es perfecto ni en el territorio de Jauja.

Monday, March 12, 2007




HUGO PRESTINARY (24 de abril de 1940-28 de febrero de 2007)


Por Fernando Winfield Capitaine

La noticia del sensible fallecimiento de Hugo llegó como el rayo a través de Internet por un delicado correo de Irene la menor de sus tres hijas: había fallecido el 28 de febrero de este año a las 9:30 p.m. hora de Los Ángeles. La noticia aparte de estupor creó en mí un gran dolor dado el grande afecto que le tenía y le tuve al no sólo amigo sino grande colaborador en el ámbito de la iconografía y de la arqueoastronomía y matemáticas mesoamericanas, dos últimos aspectos que manejó Hugo con gran sapiencia y entereza, dejándome a mí la parte iconografía en la arqueología de la Estela 1 de La Mojarra, con lo cual logramos grandes descubrimientos que no es el caso tratar aquí. Tan sólo diré que Hugo descubrió la estructura jeroglífica y precisó las .fechas distancia del monumento arqueológico. El me pasaba los datos y yo los transportaba a la redacción.
Hugo y yo nos conocimos en 1990 en San Francisco, California, a raíz del Primer Encuentro Internacional sobre la Estela 1 de La Mojarra, a quien Merle Green Robertson, organizadora del Encuentro, asignó como mi Cicerone por las ciudades de San Francisco y de Oakland, junto con su agradable esposa Morita. De primera me encantó el carácter jovial de un corpulento individuo rubicundo que llegaba a los dos metros de estatura, pero posteriormente mi asombro sería muy grande al saber del gran conocimiento matemático y arqueoastronómico que tenía Hugo, lo cual nos hizo trabajar juntos a pesar de la enorme distancia que había entre uno y otro gracias a la maravilla de la época: el fax.
Producto de este trabajo serían la elaboración de 3 papers conjuntos y la organización del Segundo Encuentro Internacional sobre la Estela 1 de La Mojarra aquí en Xalapa, hace 5 años en el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana, evento que fue todo un éxito total
Hugo era Ingeniero especializado en el diseño de construcción de residencias urbanas en colinas y trabajó con la misma empresa muchos años, hasta su deceso que fue toda una gran sorpresa pues yo no tuve antecedentes de algún mal corporal. Todavía le pedí información de algún programa astronómico en el mes de octubre del año pasado cuestión que diligentemente proporcionó; quedamos de hablarnos pronto por teléfono, cuestión que nunca sucedió.
El nombre completo de Hugo era Hugo Hacht Prestinary Canossa. Como cosa curiosa ambos festejábamos nuestro cumpleaños el mismo día (24 de abril) y falleció en el cumpleaños de mi primogénito. Dirigía un equipo de futbol de niños en Santa Ana, California, lugar de su residencia y los llevó a varios campeonatos, entre ellos a su nieto. Lo único que no pudo cumplir fue pasar vacaciones en Italia aunque siempre programábamos el viaje con nuestras respectivas esposas. El último deseo fue venir por tercera vez a Xalapa; el primer viaje se efectuó en 1992: fuimos a El Tajín, Cempoala y El Zapotal Número Uno. A Tajín le pedí a Marco Antonio Reyes López que nos acompañara. Hugo nació en Costa Rica pero tenía ciudadanía norteamericana.
¿Qué mas puedo decir de Hugo en estas apretadas líneas? Que queda testimonio de su trabajo registrado en Internet. Mientras desde aquí, donde quiera que esté, le mandamos estas líneas fraternas mi familia y yo y un sentido pésame a toda su familia. A manera de homenaje a su memoria, publico su texto inédito “La Estatuilla de Tuxtla. El umbral lunar”.
11 de Marzo de 2007.
winfer46@hotmail.com


6 de diciembre de 1992.

LA ESTATUILLA DE TUXTLA, UMBRAL LUNAR

HUGO H. PRESTINARY CANOSSA

Varios eventos vinculados con el movimiento lunar ocurren cercanos a la fecha que conmemora la estatuilla. Su amarre fundamental está ligado con el eclipse solar de 13 de julio de 139 distante precisamente 23 tunes (23 x 360), encontrándose la segunda fecha de la estela de La Mojarra distante exactamente una cuarta parte de este periodo o sea 23 x 90 = 2070 días antes. Cabe indicar el hecho de que ocurre luna llena 23 días antes de esta última como también 23 días después del nacimiento del personaje (15 de septiembre de 146) y a simple vista para un observador, 23 días después de la primera fecha de la estela de La Mojarra (LM1).

Cuando se trabaja con números distancia hay que tener en cuenta de que la observación de luna llena a simple vista involucra tres de ellas y en ciertas ocasiones, cuatro. Por ejemplo, en corta distancia el valor verdadero de dos lunaciones es de 59 días pero también puede ser considerado como 60 dependiendo de cual luna llena tomamos como punto base.

El inicio del texto jeroglífico de la estatuilla (ET) es de carácter lunar y el primer glifo (Figura 1) opino que significa la luna llena que ocurrió cuatro días después (LUNA IN) y el tercero la luna llena 26 días antes (comparado con luna llena 52 = 2 x 26 días antes de la segunda fecha de LM1). Esta luna llena corresponde a una aproximación de 1196000 días del punto de comienzo de la cuenta larga que es igual a 9 x 4500 = 40500 lunaciones. Hall (1987) se interesó en el hecho de que 1196000 = 52 x 365 x 63 + 260 días, denominando el periodo de 63 ruedas de calendario el Ciclo de Tuxtla. Como se indicó en el artículo titulado "Eventos Astronómicos" presentado en el Congreso Internacional de Veracruz en septiembre de 1992, el periodo de 11960 días igual a 405 lunaciones es la base de la tabla lunar del Códice de Dresde que realmente debería ser llamado Códice Maya en Dresde. Dicho sea de paso que 11960 = 2 x 23 x 260; este último factor como es sabido correspondiente al periodo ritual.
La quinta parte de este periodo abarca 81 lunaciones = 2392 = 46 x 52 días. La primera posición anterior y distante 81 lunaciones de la LUNA IN la encontraremos en LM1-N28 (+2074 - 2392 = -318) (Figura 2). Esta luna llena y su glifo particular que también aparece en el texto jeroglífico de ET (Figura 1) y que posiblemente corresponde a un eclipse lunar se encuentra en una posición del zodíaco diametralmente opuesta al de la inicial. El segundo incremento de 81 lunaciones ubica el mismo glifo en LM1-R12 (-2710) y esta luna llena se encuentra cercana a la misma posición estelar (menos dos días) que la inicial y además está a
tres días de la fecha correspondiente a la cuenta larga 8.5.9.0.0 (-2707), LM1-R11.

Otro hecho adicional es de que la LUNA IN se encuentra a 6940 días = 235 lunaciones de la luna llena inmediata a la fecha de cuenta larga 8.5.3.0.0, amarre fundamental en LM1. Dicha distancia es el equivalente a 19 x 365.26 días que corresponde asimismo al periodo entre la luna llena en LM1-Q12 (-2060) y la posición 25 tunes antes de la segunda fecha de LM1 (-9000). Su interés por este lapso de tiempo es obvio: amarre cronométrico del año solar con número integral de lunaciones. Es elegantísimo de que la luna de -2060 centraliza a la luna llena siete días después de 8.5.16.9.7 con respecto a la LUNA IN (2060 + 2074 = 2 X 2067). Nótese cierto parentezco entre estos glifos.
Cabe mencionar que si le restamos 80 lunaciones a la LUNA IN en ET nos encontramos en la posición -288 (= 8 X 36) de LM1 ubicada en N26-27 o sea 9 lunas antes de -23. Obtenemos así 40500 - 80 = 40420 = 172 X 235 (Una aproximación que tiene un error de 0.4 días cada 19 años). Si quisiéramos legar a una futura generación el conocimiento de la posición de 81000 lunaciones con respecto al inicio de la cuenta larga tendríamos que dejarla en una cápsula de tiempo para abrirse 1444 años después de 1993 .....si este planeta y sus habitantes existen en ese entonces.
Es realmente sorprendente de que la luna nos provee con la coincidencia de que el periodo de nueve lunaciones coincide con nuestro periodo de gestación y en el caso de los 11960 días con el factor 46 que es número cromosomático. Opino que este número (sin ningún conocimiento sobre su vínculo cromosomático .... si pudiésemos llevarles esa noticia a su tumba ciertamente los llenaría de gran regocijo) lo asociaron con 34 cuya suma es 80 y como también se indicó en el Congreso los periodos de 17 lunaciones tienen gran importancia cronométrica. Además, 46 + 13 = 59 (dos lunaciones) y 23 + 13 = 36, número vinculado con un tun de 360 días que resulta ser prácticamente el promedio de doce meses solares y doce meses lunares. El número 46 sumado a mi favorito número "dental" 32 es igual a 78 = 6 x 13, también identificado en el Códice en Dresde.

Y vaya, ¡ qué suerte tienen !, .... hay 1196 = 2 x 23 x 26 días entre la fecha donde opino empieza su enlace histórico con la segunda fecha de LM1 (-9000) y el eclipse solar de 13 de agosto de 128.

El cuarto jeroglífico en ET que asimismo muestra cuatro divisiones opino que representa en primer lugar el vínculo con los cuatro periodos de 2070 días indicado anteriormente. Además, es indicativo de cuatro periodos de 104 = 8 X 13 equivalente a 416 lunaciones que abarca desde la LUNA IN a la luna llena 15 días antes del eclipse solar de 13 de agosto de 128, una
distancia de 12285 días. El glifo lunar identificado como tal (Winfield, 1991) en la estatuilla y presente también en LM1 está acompañado por un glifo que muestra trece divisiones y por lo tanto simbólico del mismo número de lunaciones (Figura 1).

El mismo glifo se encuentra en la distancia correspondiente a 104 lunaciones en LM1 en la posición O23, 998 días antes de la segunda fecha de la misma. En el punto central o sea 208 lunaciones, lo encontramos amarrado en S27 con una fecha distante 2 tunes de la primera fecha de LM1 en S28 (-4082). Aparece de nuevo en T3 que tiene posibilidad de corresponder a un eclipse lunar y distante 20 lunaciones de la anterior. Esta posición (-4660) se encuentra a 2480 = 8 X 310 días de la posición que le pertenece al siguiente incremento de 104 lunaciones, 7140 días antes de la segunda fecha de LM1. Resulta que esta última dista 930 = 3 x 310 días al eclipse solar de 13 de julio de 139 y además, 1860 = 6 x 310 días de la fecha que se identificó como el comienzo de la historia descrita en LM1.

Una grata coincidencia a la cual no le di mucha importancia anteriormente fue el hecho de que al restarle el valor de lo que denominé la regla de la medida de La Mojarra = 28 x 32 = 896 días (La Palabra y el Hombre, Vol. 80) a la posición -10196 (eclipse solar) con respecto a la segunda fecha de LM1 obtuve el número 9300 = 30 x 310. Vaya me dije, 620 días son prácticamente el equivalente a 21 lunaciones y ahora me encuentro de que tiene más significado del que yo me imaginaba. Otra sorpresa nos otorga el hecho de que (10196 + 2074) - 11960 = 310 días. Por lo tanto, hay número exacto entre luna nueva en eclipse solar y la luna llena inicial en ET, un lapso de 12270 días o sea el equivalente a 415.5 lunaciones. Como se indicó anteriormente, son 416 = 13 x 32 a la luna llena que ocurrió 15 días antes del eclipse solar de 13 de agosto de 128. Es muy interesante de que la LUNA IN en ET corresponde a un día 12 Imix dado de que Imix (Cipactli en nahua) es precisamente el que inicia el mes ritual de 20 días y por supuesto, una luna llena distante 11960 (46 x 260) días sería asimismo, 12 Imix.


CONCLUSION

El grado de sofisticación matemática presente en LM1 y el umbral lunar o si se prefiere, astronómico, representado por la estatuilla de Tuxtla nos induce el creer de la existencia de otras estelas y entre otras, la posición 7140 días antes de 8.5.16.9.7 de LM1 será un candidato para su ubicación además del eclipse solar de 13 de agosto de 128 ....... y por supuesto este autor y otros tantos esperamos ansiosos su descubrimiento.


Amigo Fernando:
Es mi deseo el dedicar este artículo a la memoria de tu padre. Conparto tu dolor pero asimismo compartamos los gratos recuerdos. Para mi, fue el de conocerle y ahora de recordarlo cariñosamente con este humilde artículo que está íntimamente vinculado en corazón y alma con Xalapa y que escribía precisamente en el día que descansaba para toda una eternidad.
El monumento que estudiamos es una piedra fría y en esta vida efímera el calor lo aporta únicamente una verdadera amistad y los ratos amenos que ella genera. Nuestro precio por ellos es la carga de los dolorosos. Forza y avanti con la ayuda de Dios.

Un fuerte y sincero abrazo para ti y los tuyos,

Sunday, February 18, 2007





DIFICULTAD DE INTERPRETACIÓN DE LA REPRESENTACIÓN DE LOS ANIMALES


Por Fernando Winfield Capitaine


Lamentablemente, muchas especies animales desaparecieron del ámbito mesoamericano o están en vías de extinción, por lo que es necesaria la colaboración del biólogo a fin de reconstruir y/o esclarecer las características anatómicas y los hábitos de muchas especies, estudio que puede contribuir a arrojar mayor luz sobre las figuraciones que plasmaron los antiguos pueblos mesoamericanos en la piedra, la arcilla, el hueso, el metal y demás materiales empleados en la elaboración de sus objetos de arte, muchos de ellos perecederos tales como la madera, el papel y la piel de venado.
Ya Rubén Bonifaz Nuño (1985; El cercado cósmico. De La Venta a Teotihuacan. México. Fundación de Investigaciones Sociales, A.C., 1985. , ilus. 30, 30a, p. 56,57. Hombres y Serpientes. Iconografía olmeca. México. UNAM, 1989, láms. 74-77) ha contribuido ejemplarmente a demostrar lo útil que es conocer perfectamente a las especies que poblaron un hinterland anterior, aportando la presentación de estudios anatómicos de algunas especies, llegando a diferenciar a la serpiente del jaguar, que le ha permitido aclarar algunos errores de apreciación en los estudios arqueológicos, tales como la de pensar que el jaguar era el leiv motiv de los olmecas del periodo preclásico.
El ejemplo más dramático está configurado en el Altar de La Venta, en cuya parte superior se puede apreciar, en el contexto de la simetría bilateral, a una doble entidad que se mira de perfil frente a frente; de un supuesto jaguar, nace la lectura de una serpiente que mira a la otra.
Rubén Bonifaz Nuño en sus investigaciones iconográficas afirma que las primeras representaciones de la ceja de la serpiente aparecen en Teotihuacán, pasando a Cacaxtla; de ahí a las culturas del Golfo, para finalmente retomarla ya la cultura azteca, en la forma de un petate (comunicación personal de 15 de diciembre de 1990). Es decir, tenemos disponible una cambiante elaboración estética de más de 15 siglos, en torno a uno de los animales fundamentales de la civilización mesoamericana, la serpiente.
Otro trabajo reciente de Kent Reilly ("The Shaman in Transformation Pose: A Study of the Theme of Rulership in Olmec Art". EN: Record of the Art Museum. Princeton University, 48(2):4-21, 1990) acerca del chamán en su actitud de transformación, inscrito en el tema del gobierno en el arte olmeca, descifra la naturaleza zoológica de una antigua representación iconográfica en varios monumentos de Chalcatzingo, Cuenca alta del río Balsas, Juxtlahuaca, San Lorenzo, Teopantecuanitlán y del estado de Veracruz, llegando a la conclusión de que se trata del sapo Bufo marinus.
Un trabajo reciente de mi amiga Merle Green Robertson ( "The Celestial God of Number 13". IN: Triptych (52):26-31, September/October 1990.) sobre el Dios Número Trece, ofrece la posibilidad de relacionar al animalito representado como un hipocampo o caballito de mar.
Casi todas las representaciones de dioses de la lluvia o Chac presentan el elemento ceja que los vincula a reptiles, como puede apreciarse en las esquinas de los ejemplos arquitectónicos del estilo Puuc de la península yucateca (véase al respecto Chichén Itzá y Uxmal, entre otros sitios). Un notable ejemplo de una entidad reptilínea que representa a Cicpactli o Itzmaná está en el disco de oro (Post Clásico Temprano) recuperado del cenote sagrado de Chichén Itzá ( Karl A. Taube, Itzam Cab Ain: Caimans, Cosmology, and Calendrics in Postclassic Yucatán. Washington, D.C. Center for Maya Research, August (Research Reports on Ancient Maya Writing,
26‑27), 1989.
Taube, 1989:6). Debe recordarse que para el pensamiento mesoamericano la tierra estaba sostenida por un gran lagarto. En náhuatl recibía el nombre de Cipactli. El borde exterior del disco muestra por sus cuatro lados a dicha entidad y en la parte inferior al caimán identificado por Taube.

Thursday, February 01, 2007


FUNDAMENTO DE LA ESCLAVITUD

Fernando Winfield Capitaine.

Las primeras experiencias esclavistas de los españoles se derivaron del conocimiento acumulado en la península ibérica. Como apunta Aguirre Beltrán, "esclavos hubo en España desde tiempos remotos; la guerra de reconquista le permitió la adquisición de grupos numerosos; sin embargo, su existencia legal no implicó el establecimiento de un sistema de economía basado en la explotación de los cautivos, ni el desarrollo de un comercio regular de hombres.
"Aún en los años que siguieron a las asombrosas exploraciones de los portugueses por las costas del Africa, con el consecuente conocimiento de paganos de piel obscura que podían ser vendidos como siervos, el comercio humano no siguió un impulso digno de tomarse en cuenta. La fundación de ingenios de azúcar en las islas Azores, Canarias y S. Tomé, con la esclavización de los habitantes de estos parajes, permitió una corriente de esclavos que con el tiempo adquirió importancia; pero estos primeros ensayos quedaron limitados por la estrechez del área geográfica".[1]
Pero no es sino cuando se da el descubrimiento de América y la consecuente disminución de la población nativa, cuando empieza a crecer la necesidad de importar mano de obra africana, para substituir a la indígena. Con lo acontecido en el Caribe, los españoles adquieren experiencia en los aspectos económicos relacionados con los esclavos. Al llegar a México ya traen consigo un modelo perfecto de explotación de los negros, aplicándolo en la Nueva España.
Angola y el Congo suministraron numerosos esclavos a México; tales pueblos procedían de sociedades basadas en una estructura agraria, sin desconocer que la propia plantación esclavista era conocida en Africa.
El inicio del tráfico legal de esclavos a las Indias fue originado por una instrucción de los Reyes Católicos a Nicolás de Ovando, gobernador de la isla Española, para "que no se consintiese ir ni estar en las Indias, judíos, ni moros, ni nuevos convertidos: que se dejasen pasar esclavos negros, nacidos en poder de cristianos, y que se recibiere en cuenta a los oficiales de la Real Hacienda lo que por sus firmas se pagase".[2]
Aunque la mentalidad difusionista ha sugerido la presencia del negro en la etapa precolombina, ello no ha sido demostrado fehacientemente con pruebas científicas. Aparentemente, el principal propagandista de esta idea es Melgar quien en 1862, al describir a la cabeza colosal de Hueyapan sugiere que es de rasgos etíopes.
Lo que si ha estado confirmado por la abundante documentación colonial es que desde los primeros momentos de la conquista española iniciada en 1519 y consumada en 1521, la presencia del negro ha sido manifiesta. Algunos negros aculturados en España acompañaron las primeras expediciones guerreras.
Los negros de la Conquista guerrearon contra los indios sellando así un pacto de amor y odio que caracterizó las relaciones interétnicas entre invadidos e invasores a lo largo de los crueles siglos de coloniaje. Aún en nuestros días, esas relaciones de aceptación y rechazo se observan en las zonas donde la genética y la cultura siguen enfrentando a indios y afromestizos; tal es la secuela que dejó el sistema racista que oprimió a las dos etnias sobre las que descansó la sociedad de explotación colonial.[3]
Uno de ellos introdujo el cultivo del trigo en México; el otro, desafortunadamente, la viruela, enfermedad responsable de gran número de decesos entre la población indígena.
El Padre Fray Bartolomé de Las Casas fue un decidido impulsor de la introducción de esclavos negros al Nuevo Mundo con el objeto de defender a los naturales de América, aunque dicha posición la cambió arrepentido en los últimos años de su vida. Es decir, Las Casas consideró que había cometido un error al apoyar el comercio de población africana en tierra americana.
Las licencias para el comercio de negros fueron controladas por la Corona Española y recibieron el nombre de asientos. El nombre de muchos de ellos se conservan en la Recopilación de las Leyes de Indias, instrumento legal que regulaba las relaciones jurídicas de los reyes de España con sus súbditos. El creciente corpus de legislación indiana fue acumulando disposiciones de derecho que a lo largo del tiempo fueron haciéndose más difíciles de recordar.
Las naciones que dominan el comercio negrero en México fueron los portugueses incrementándose su participación en la temporada en que se unieron las coronas de España y de Portugal de 1580 a 1640. Posteriormente los ingleses son los que comercializan en México a la población africana, en un triple triángulo que ha sido descrito por Mannix: armas, municiones y telas fabricadas en Inglaterra a cambio de negros; su venta en América a cambio de oro, aguardiente y otros géneros que a su vez se cambian en Inglaterra por más armas, municiones y telas, para reanudar el triángulo comercial. En el siglo 18 los factores (vendedores de negros legalmente establecidos) fueron Luis Haiz, Guillermo Buttler y Enrique Spencer, los cuales españolizaron sus nombres de pila, por la década de los cuarenta del siglo XVIII en Veracruz.
Al término del siglo dieciséis una instrucción del Conde de Monterrey encaminada a la protección de la población nativa, estimuló la importación de esclavos africanos, con la idea de suplir la mano de obra indígena y de esa manera proteger su descenso demográfico. El 2 de abril de 1599 el conde de Monterrey expidió el ordenamiento mediante el cual se limitó de manera drástica la utilización de mano de obra indígena para trabajar en ingenios y trapiches de azúcar. En primer término se prohibía que fueran empleados dentro del ingenio mismo, es decir, que se les utilizara en el proceso de la fabricación del azúcar. En segundo lugar se suspendía el suministro de indios de repartimiento. Sólo quedaba abierta la posibilidad de emplear, en las labores de campo, indios que por voluntad propia alquilaran su trabajo. Con estas medidas quedaban los ingenios y trapiches privados casi de la totalidad de su mano de obra.
Temporalmente -hasta mayo de 1600- se autorizó el uso de indios de "socorro", mientras los hacendados se pudieran abastecer de nueva mano de obra, con el fin de no dejar paralizada la industria.[4]
La respuesta a estas limitantes fue inmediata: en Xalapa se incrementó la compra de negros africanos a fines del siglo XVI con destino a ingenios y trapiches.[5] En el periodo de 1578 a 1600 se dieron 208 ventas de esclavos negros con un alto porcentaje de bozales, de los cuales 139 fueron hombres y 69 mujeres. Francisco Hernández de la Higuera declaró poseer 120 esclavos en 1597 y en 1606 ya sumaba 200. A fines del siglo XVI, Alonso de Villanueva tenía 30 negros y Juan del Castillo contaba 12.[6]
Si bien los españoles ocupan mano de obra africana en casi todas las incipientes actividades económicas, como la minería, los obrajes, la ganadería, es en relación con la explotación del azúcar cuando adquiere mayores dimensiones el esclavismo.
Para Carmen Viqueira, el negro, además de participar en las actividades productivas relacionadas con el azúcar, extendió su influencia como trabajador permanente a todo espacio económico. Esclavos africanos ejecutaron la trajinería y trato de las mercaderías en el puerto de Veracruz, fueron vaqueros de las grandes extensiones dedicadas a la ganadería, trabajadores obligados en los obrajes por disposiciones oficiales, servidores domésticos en casas de señores y religiosos, y artesanos y trabajadores de la construcción en ciudades y haciendas.[7]
En el siglo 18 el llamado Código Negro intentó influir para suavizar el trato que recibían los esclavos por parte de sus amos. Fue dirigido especialmente a los dueños de negros en Santo Domingo, pero copias de él se distribuyeron en todo América, llegando a Amatlán de los Reyes, Veracruz.
En la Navidad, al esclavo de las haciendas se le obsequiaba un juego de ropa que supuestamente le debía de durar todo el año. El llamado esclavo urbano generalmente gozaba de mejor trato. Algunos casos excepcionales registrados nos hablan de que fue sujeto de herencia por parte de su amo,[8] sembró pequeñas porciones de terreno para ayudarse en su mantenimiento como se dio en la hacienda de San Pedro Buena Vista, alias La Orduña, cerca de Xalapa.
Durante el siglo dieciocho, el comercio de esclavos tuvo altibajos, dependiendo entre otras cosas del precio internacional del azúcar y de las revueltas negras en Las Antillas, que afectaron notablemente sus precios.
El trabajo esclavo era la base de la producción y de la organización social en las plantaciones y en los ingenios, al paso que en las encomiendas y otras unidades productivas predominaban distintas formas de trabajo forzado. Se trataba de dos procesos contemporáneos, que se desarrollaban en el ámbito del proceso más amplio y principal de reproducción del capital comercial. El motor de ese proceso más amplio era el capital comercial, que regía la producción de mercancías en Europa y en las colonias europeas del Nuevo Mundo y de otros continentes.[9]
Desde el siglo XVI, en que se inició el tráfico de africanos hacia el Nuevo Mundo, hasta el siglo XIX, en que ese tráfico cesó y terminó la esclavitud, cerca de 9'500,000 negros habrían sido transportados desde Africa. La mayor parte de ellos fue llevada al Brasil, que absorbió el 38 por ciento del total. Otro 6 por ciento fue llevado a Estados Unidos. A las Antillas británicas fue el 17 por ciento, y otro 17 por ciento fue llevado a las colonias españolas. Cuba recibió 702,000 africanos; es decir, más que cualquier otra colonia española, mientras que México importó cerca de 200,000,[10] hasta la abolición de la esclavitud en el año de 1824.
El mercantilismo del siglo XVI fue la fuerza que movió a los mercaderes para cruzar los mares y llegar a los fines de los cuatro continentes; además del oro, las especias, el marfil y otras mercancías igualmente codiciadas, fueron los esclavos y su tráfico lo que representó en ese momento el comercio más lucrativo; para realizarlo fue necesario considerar al africano como una más de las mercancías del comercio colonial. El esclavo, que antes era una propiedad suntuaria del europeo, pasó a ser el negro, una mercancía que producía tres veces plusvalía: al venderse, al trabajar en la producción y al reproducirse.[11]
Para explicar el carácter represivo y violento de las relaciones esclavistas de producción, es necesario comprender que el esclavismo es un sistema de producción de plusvalía absoluta, un sistema en el cual la mercancía aparece inmediata y explícitamente como producto de la fuerza de trabajo enajenada. Además, el esclavo está doblemente enajenado: como persona, en cuanto propiedad del señor, y en su fuerza de trabajo, facultad sobre la cual no puede tener dominio. El esclavo es obligado a producir mucho más de lo que recibe para vivir y reproducirse; y no dispone de condiciones para negociar ni el uso de su fuerza de trabajo ni a sí mismo.[12]
La esclavitud impidió el significativo progreso tecnológico que pudo haber elevado sustancialmente la productividad, llevando a la agricultura a la aplicación de unos métodos que agotaban el suelo. Las plantaciones eran demasiado grandes como para poder fertilizarlas fácilmente. El poco cuidado de los esclavos para con los animales impedían la acumulación de suficiente estiércol.[13]
En cambio, los holandeses contribuyeron notablemente con el desarrollo tecnológico de sus plantaciones en sus posesiones de América, incrementando notablemente los rendimientos de la producción, logrando una mayor productividad en los campos de caña de azúcar y su industrialización. La experiencia holandesa ha sido detallada en algunos trabajos de investigación en la década de los setentas del siglo XX.
Posteriormente y con el descenso del precio de los esclavos otros grupos económicos tuvieron la oportunidad de adquirirlos, como herreros y panaderos, aunque ya bien avanzado el siglo dieciocho. Casos de excepción fueron mestizos y uno que otro mulato y pardo. Quedaron exceptuados los indígenas, a pesar de que muchos caciques contaron con los recursos suficientes como para poder proveerse de algunos de aquellos. En Perú, no obstante, otras condiciones sociales hicieron posible que los indios tuvieran esclavos, por lo que tal práctica no fue desconocida por el estamento nativo,[14] pero fue a nivel regional limitado.
Muy tardíamente los representantes del sistema esclavista se darían cuenta que los gastos de capital son mucho más grandes y arriesgados para el trabajo esclavo que para el trabajo libre.
Los esclavistas, tanto por razones de tipo económico como por las de prestigio social, efectúan sus reinversiones según las mismas normas que presidieron la inversión original, es decir, en la adquisición de esclavos y de tierras, con lo cual el progreso económico tiene un carácter cuantitativo.[15]
Los lugares de destino económico de los esclavos fueron las estancias agrícolas y ganaderas, trapiches e ingenios azucareros, herrerías, panaderías y otros oficios menores; en el caso de los obrajes fueron especialmente destinados a la ciudad de Puebla. En la minería su participación fue destacada, sobre todo en Guanajuato y Zacatecas.[16]
Las tareas agrícolas en que se vieron implicados los esclavos fueron variadas, desde las más sencillas a las más complejas, dependiendo de la habilidad y educación personales. Comprendían el corte y acarreo de la leña; la roza de terrenos; la siembra, escarda y cosecha del maíz, frijol y otros productos; la ganadería; la apertura de zanjas y obras de mejoramiento de instalaciones agrícolas y el cultivo e industrialización de la caña de azúcar.

[1] Aguirre Beltrán, 1989, p. 15.
[2] Antonio de Herrera cit. por José Luis Martínez, p. 190.
[3] Martínez Montiel, 1993. p. 133.
[4] Wobeser, p. 71.
[5] Bermúdez G., 1982.
[6] Bermúdez, 1984, p. 171.
[7] cit. por Martínez Montiel, 1993, p. 143.
[8] Juan Ricardo de Guzmán manda "se le de a Juachin una mula aparejada, una hacha y un potro; a Joseph, hijo de Tomasa, una yegua y dos vacas. Su ropa de vestir se le de toda a los dos. A Anna, hija de Thereza, casada con hijo de Moxica, se le den 2 vacas; a Gertrudis su ropa blanca y su cama con la ropa de ella". ANX. Tomo 1759-1760. Libertad de esclavos. 18 frente a 21 vuelta. 16 de marzo de 1759.
[9] Ianni, 1976:11.
[10] Op. cit., p. 16.
[11] Martínez Montiel, 1993, p. 133.
[12] Ianni, p. 60.
[13] Genovese, p. 34.
[14] Harth-Terré.
[15] Genovese, 1970, p. 23.
[16] Brading, D. A., 1971.

Monday, January 29, 2007


EL GLIFO A2 DE LA MOJARRA. ICONOGRAFIA DE LA CEJA EN MESOAMERICA.
Fernando Winfield Capitaine
(Museo de Antropología. Universidad Veracruzana)
Resumen.
Este trabajo no pretende ser un inventario general de las representaciones de ceja en objetos mesoamericanos pues sólo pone atención en aquellas representaciones semejantes al glifo A2 (fig. 1) de la Estela 1 de La Mojarra, descubierta en el estado de Veracruz en noviembre de 1986.
Muchos monumentos de Mesoamérica presentan la ceja asociados con deidades o animales vinculados a entidades reptiles. Fueron descubiertos en diferentes regiones -Cerro de las Mesas, Izapa, Kaminaljuyú, Monte Albán, Los Tuxtlas y otros lugares. Pertenecen a diferentes épocas.
Es de todos bien conocido el hecho de que las representaciones pictográficas de los códices prehispánicos se caracterizan por que los individuos no tienen la ceja pintada, patrón que los distingue de los lienzos hispánicos y que permite diferenciar a ambos.
[1]

Introducción
Cuando se iniciaron los estudios de iconografía ha varios lustros, fue posición común interpretar a las diferentes figuras representadas en estelas, vasijas, lienzos y demás obras culturales prehispánicas como dioses, "monstruos", o seres metafísicos presuntamente inventados por la imaginería precolombina. Designaciones tales como monstruos Cauac, Jester God y otras, revelan la actual dificultad por comprender la naturaleza zoológica de seres reales que fueron llevados a la representación gráfica en los tiempos precolombinos.
En una primera etapa se dieron las representaciones naturalistas, para posteriormente llegar a modelos más abstractos, y por ende, más difíciles de diagnosticar.
Un avance importante en el esclarecimiento de la iconografía, fue el descubrimiento por Heinrich Berlin Neubart
[2] del llamado "glifo emblema", toponimia ligada a sitios dominados por linajes reinantes mayas.
Posteriormente, Tatiana Prouskouriakoff precisó más las representaciones, al descubrir en Yaxchilán y en Piedras Negras que los personajes representados en las estelas, correspondían a gobernantes reales que habían vivido ahí
[3], iniciándose así la práctica reciente de identificar con nombres propios a los gobernantes antiguos.
La hipótesis de que las lecturas astronómicas determinaban la mayoría de los casos de factura de los monumentos mayas, tan en boga en la década de los treinta, fue parcialmente abandonada para retomarse con mayor intensidad en los últimos años. Así, C. Tate ha vinculado los eventos políticos en Yaxchilán, a los astronómicos, configurando de esa manera los gobernantes mayas la "justificación" celestial de su ascensión al poder y el inicio o coronación de sus empresas guerreras y comerciales
[4].
Toca a la moderna antropología buscar los orígenes de algunas representaciones, en el estudio detallado de las especies animales que vivieron o aún viven en el área de estudio.
Lamentablemente, muchas especies desaparecieron o están en vías de extinción, por lo que es necesaria la colaboración del biólogo a fin de reconstruír y/o esclarecer las características anatómicas y los hábitos de muchas especies, estudio que puede contribuír a arrojar mayor luz sobre las figuraciones que plasmaron los antiguos en la piedra, la arcilla, y demás materiales empleados en la elaboración de sus objetos de arte.
Ya Bonifaz Nuño
[5] ha contribuido ejemplarmente a demostrar lo útil que es conocer perfectamente a las especies que poblaron un hinterland anterior, aportando la presentación de estudios anatómicos de algunas especies, permitiendo diferenciar a la serpiente del jaguar, mismos que le han permitido derribar algunas posiciones ortodoxas que estaban adquiriendo el perfil de dogma en los estudios arqueológicos, tales como la de pensar en el jaguar como el leiv motiv de los olmecas del periodo preclásico.
Otro trabajo reciente de Kent Reilly (1990) acerca del chamán en su actitud de transformación, inscrito en el tema del gobierno en el arte olmeca, descrifa la naturaleza zoológica de una antigua representación iconográfica en varios monumentos de Chalcatzingo, Cuenca alta del río Balsas, Juxtlahuaca, San Lorenzo, Teopantecuanitlán y del estado de Veracruz, llegando a la conclusión de que se trata del sapo Bufo marinus.
Gracias a una investigación (Robertson, 1990) sobre el Dios Número Trece, he podido identificar al animalito representado como un hipocampo o caballito de mar.

La ceja
Un trabajo presentado en la Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología en Cholula, Puebla (Ramón, 1972), reúne representaciones iconográficas de cejas de varias regiones de Mesoamérica, especialmente del área central y de Oaxaca, a través de la cerámica, la escultura en piedra y los códices conocidos, en un primer intento de explicar el rasgo en representaciones de serpientes.
Otro trabajo de carácter más general es la excelente presentación de Pierre Agrinier en torno a los huesos esgrafiados 1 y 3 (figs. 2-6) de la tumba 1 de Chiapa de Corzo (1960).
El referido elemento está claramente representado en un extraordinario monumento del río Acula, conocido como la Estela 1 de La Mojarra, ubicado temporalmente en el siglo II d.C.
[6] El glifo ocupa la posición dos en la columna A, formando parte de una de las dos fechas de cuenta larga que acompañan a la inscripción, en este caso, a tres kayab, según el Haab o calendario solar de 365 días.
Cortez llama "garra de jaguar" (jaguar-paw) al elemento iconográfico, como puede observarse en el dibujo 27 correspondiente a la Estela 69 de Izapa. Como se verá más adelante, el análisis iconográfico cuidadoso del corpus de piezas del sureste mesoamericano indica que se trata de la representación de un maxilar inferior humano (el primer elemento vertical es la apófisis coronoide y el curvo es el cóndilo de la mandíbula) asociado a entidades reptiles, como las distintas variedades de serpientes, caimanes, peje-lagartos y otros géneros de animales.
Rubén Bonifaz Nuño en sus investigaciones iconográficas afirma que las primeras representaciones de la ceja de la serpiente aparecen en Teotihuacán, pasando a Cacaxtla; de ahí a las culturas del Golfo, para finalmente retomarla ya la cultura azteca, en la forma de un petate (comunicación personal de 15 de diciembre de 1990). Es decir, tenemos disponible una cambiante elaboración estética de más de 15 siglos, en torno a uno de los animales fundamentales de la civilización mesoamericana, la serpiente.
La frecuente superposición de elementos que integran los conceptos indígenas seguramente fueron dominados excelentemente por las antiguas civilizaciones mesoamericanas. La pérdida de esa visión del mundo ocasionada por la conquista hispana y por el tiempo, hacen trabajosa en la actualidad la identificación de las partes que integran el todo que estamos contemplando frente a la obra de arte. El único método posible es tratar de descomponer la estructura en mínimas partes coherentes, cual si se tratara de un rompecabezas con variadas partes integradoras. Luego, analizar y comparar cada uno de los rasgos de la estructura con todas las representaciones conocidas, dudando más de los dibujos que de las fotografías. Ideal sería poder disponer de calcas para poder analizar verazmente los relieves.
Izapa es un sitio del preclásico en cuyas dos estelas se puede localizar el glifo A2 de La Mojarra. La Estela 2 (figs. 7-8) presenta la ceja en un individuo alado descendente que figura como elemento principal del monumento (Cortez, 1986:122, fig. 7; pág. 142, fig. 27). La Estela 67 (fig. 9) con una escena eminentemente acuática porta un dios del agua con la ceja idéntica a la de La Mojarra (Navarrete y Hernández Pons, 1985: 240). Dicha Estela 67 contiene una de las representaciones más claras del glifo A2 formando parte de la ceja del dios Chac. La tradición cultural de Izapa ha sido considerada contemporánea de la de La Mojarra. En aquélla la ceja es un maxilar inferior claramente identificado.
Otro lugar del mismo periodo es Cerros (fig. 10) en Belice, cuyo gran mascarón en la Estructura Sc-2nd., Fachada Este baja tiene el A2 (Cortez, 1986:138, fig. 38).
En Escuintla, la Escultura en bloque de un "felino-sapo" (Parsons, 1986: pl. 83), no es más que la cabeza de una serpiente en la que el glifo A2 está suavemente redondeado sobre su ojo.
Un jade con el Jester God (fig. 11) exhibido en Estados Unidos de Norteamérica, Utah Museum of Fine Arts, Salt Lake, ubicado entre el 600 y el 800 d.C. (13 x 5 x 9 x 3.5 cm.) (Schele, and Miller, 1986:91, pl. 11), tiene una ceja altamente elaborada. Probablemente sea más temprana la fecha (propongo el siglo 2 d.C.) que la que arriba se le ha asignado tentativemente.
Una bella máscara de jade (fig. 12) atribuida a una deidad, exhibida en Gran Bretaña, Museo Británico, ha sido fechada entre 50 y 300 d.C. 23.2 x 15.6 cm. (Schele and Miller, 1986:93, pl. 15). Presenta el glifo A2. Seguramente fue una máscara funeraria con los rasgos del difunto y los elementos superpuestos de la serpiente, entidad asociada al inframundo.
Una vasija en piedra (fig. 13), con una visión de serpiente incisa (alto relieve), ubicada temporalmente entre 200 a.C. a 100 d.C., y con medidas de 12 x 14.2 cm (Schele and Miller, 1986:192, pl. 67b) se exhibe en Estados Unidos de Norteamérica, Dumbarton Oaks, Washington, D.C. Tiene bien delineado sobre su ceja el glifo A2. Sobre la cabeza de la serpiente se encuentra un mascarón sumamente elaborado que antoja una descripción más amplia de la totalidad de sus elementos iconográficos; sólo baste decir aquí que en la parte superior e inferior de él hay dos volutas en forma de columnas de humo en cuya parte anterior se ubica una placa con cuatro agujeros. Sobre la parte anterior a la nariz también se encuentra el glifo A2 parcialmente oculto.
El personaje de los huesos esgrafiados 1 y 3 y el animal del hueso esgrafiado 1 de Chiapa de Corzo (figs. 2-6) tiene el glifo A2 (Agrinier, 1960:6, 7, 8, figs. 1, 2, 3; págs. 15, 16, figs. 9, 10, 11). Lo más extraordinario en este caso es que el elemento tipo correa es igual al de los mascarones superiores en el personaje principal de La Mojarra.
Otros monumentos contemporáneos a la Estela 1 de La Mojarra son los de Kaminaljuyú. Este sitio es el que presenta el mayor número de ejemplos con respecto al asunto que estamos tratando, además de abundantes representaciones de otros glifos y elementos que aparecen vinculados con la Estela 1 de La Mojarra (Winfield, 1990).
Un personaje con tocado en forma de ave, tiene sobre su cabeza un maxilar inferior (fig. 14) (Hellmuth, 1987:228, fig. 480) idéntica al glifo B4 de La Mojarra, el cual guarda una estrecha relación iconográfica con el A2 ya que éste último es una versión estilizada de aquél. Lamentablemente la vasija sobre la cual está el dibujo pertenece a una colección privada y Hellmuth supone que es de Kaminaljuyú.
La Estela 1 (Parsons, 1986, fig. 145); (Barthel and von Winning, 1989:93) presenta el rostro de un individuo sobre el cual está un tocado con una entidad animal de pico largo y curvo hacia abajo con A2 (fig. 15).
Una serpiente con ceja en forma de glifo A2 (fig. 16), tiene la boca extremadamente abierta y parece estar a punto de engullirse a la cabeza del personaje situado justamente abajo de ella; parte del mismo A2 se encuentra como base del anterior, en una posición descendente y parcialmente oculto en uno de sus extremos; otro A2 se localiza justo a un lado de la flor que pende de la orejera del personaje clasificado como un ancestro gobernante. Tales ejemplos aparecen en la Estela 5 de Kaminaljuyú, (Parsons, 1986: foto 53), (Cortez, 1986:193, fig. 78).
En el caso de los altares 9 y 10 (fig. 17) del mismo sitio (Cortez, 1986:142, fig. 27), la ceja parcialmente representada se asocia con deidades de nariz larga y curva.
De fecha más cercana a La Mojarra, parece ser la Estela 10 de Kaminaljuyú (fig. 18). Contiene las expresiones más antiguas de glifos en la zona maya, como puede apreciarse en un rubbing elaborado por James B. Porter,
[7] de la Universidad de California en Berkeley. Dicha estela presenta el mismo glifo del que nos hemos estado ocupando, sobre la ceja de uno de los dos personajes, que porta una máscara con rasgos de colmillos de serpiente. Además del A2, se han identificado por medio del rubbing los glifos B4, B8, B9, C2, E4, J4, N7 y N9 de La Mojarra.
La Estela 10 de Kaminaljuyú, (Agrinier, 1960:10, fig. 6a) (Parsons, 1986, ilus 175) (Cortez, 1986:200, fig. 81), aparte de constituir un monumento relevante situado en el Preclásico Terminal (Parsons, 1986), reputado como el ejemplo más antiguo de escritura jeroglífica en la zona maya (Lowe, 1990:85). Como dije, tiene un conjunto de glifos en su parte inferior asociados estilísticamente a algunos de los que aparecen en La Mojarra. Aunque la unidad la integran tres fragmentos unidos, el personaje de la derecha tiene en la ceja a A2. Aunque presenta una fecha de día 8 Ix (jaguar) (comunicación personal de Maricela Ayala, 9 de marzo de 1991), falta el numeral y nombre del mes, mismos que servirían para reconstruir con mayor exactitud la fecha de la Estela 10.
La Estela 11 de Kaminaljuyú (fig. 19) (Parsons, 1986, foto 169) (Cortez, 1986:196, fig. 81), presenta en el tocado del personaje al glifo A2 de manera claramente idéntica. El glifo se repite sobre la cintura del personaje integrándose en la cara de la misma deidad; de su boca parece vomitar un chorro de agua que termina en un elemento trilobulado.
Al igual que la 10, la 11 no ha podido ser fechada exactamente, pero estimo que es coetánea de la de La Mojarra, por las grandes similitudes formales de sus personajes principales; además la ceja del dios Chac y el mismo dios, aparecen claramente representadas (Cortez, 1986:196, fig. 81) tanto en esta Estela como en el Monumento 42 de Bilbao (fig. 20) (Parsons, 1986:foto 183). Además, el personaje del Monumento 42 de Bilbao, Guatemala, presenta un triple adorno de lo que parece ser material de concha, colgando de la deidad de la nariz larga y curva. Aún más, el gobernante de la Estela 11 de Kaminaljuyú está parado sobre la representación altamente estilizada del glifo G7 "tierra". Un análisis concienzudo de dicho glifo en su posición combinada S15, T1 está discutido en Stross y Reilly (1991).
El personaje principal de la Estela 11 de Kaminaljuyú tiene, como dije, un elaborado tocado con la representación de una deidad con la nariz larga, la que presenta en la parte superior de su ojo el citado glifo A2. Aunque no tiene fecha, por su nivel estilístico, reitero mi suposición de que corresponde a la misma época que la Estela 1 de La Mojarra.
En lo que Parsons llama un "monstruo" representado en la parte inferior de la Estela 28 de Kaminaljuyú (fig. 21), ubicada en el Museo Popol Vuh, Guatemala (1986, foto 173), aparece A2 en formas redondeadas y más estilizadas.
El Monumento 17 de Kaminaljuyú (fig. 22) localizado en el montículo D-III-6 presenta el A2 con la diferencia de que en vez de dos son tres las porciones en que se divide uno de los extremos del glifo, en otra representación zooantropomorfa realmente extraordinaria. Parsons lo ubica cronológicamente en el periodo Miraflores Temprano (entre el 200 a.C. y el 200 d.C.), cuestión que me parece razonable desde el punto de vista estilístico (Parsons, 1986: foto 128).
El Monumento 49 de Kaminaljuyú (fig. 23), es llamado "fragmento de cabeza grotesco" (Parsons, 1986: foto 124), en el cual aparece asimismo A2 en ambas cejas. Considero que representa a un muerto con un mascarón con los elementos de la serpiente ("tierra") en que ha sido depositado el difunto. La escultura tiene los ojos cerrados, de su nariz cuelga una placa rectangular y sobre las comisuras de la boca descienden dos volutas en forma de gancho circular, a la usanza de colmillos de víbora.
En el Relieve silueteado de Santa Cruz Quiché (fig. 24) exhibido en el Museum of the American Indian de New York (Parsons, 1986, foto 165), puede verse la figura del animal con similar tratamiento dental (es decir, liso) al de El Zapotal Número Uno (véase fig. 29).
Otro monumento antiguo lo es la Estela D de Tres Zapotes (fig. 25) (Agrinier, 1960:10, fig. 6d) (Norman, 1976:314). Aquí el glifo A2 se presenta de una manera más geométrica, a juzgar por los dibujos elaborados (Agrinier, 1960:10, fig. 6d).
Para representaciones más tardías menciono a las estelas del grupo de Cerro de las Mesas, tales como la 3 y 6, exhibidas en el Museo de Xalapa.
La 3 exhibe el glifo A2 (fig. 26) en la parte correspondiente a la ceja de la entidad terrestre representada en el tablero inferior sobre el cual está parado el personaje principal. Aunque el dibujo de Stirling no es todo lo apropiado que se debería, una inspección detenida a la pieza revela la sección en dos partes del elemento ceja.
La ceja con el glifo A2 de La Mojarra se advierte en el tocado complejamente elaborado que porta la figura humana de la Estela 6 de Cerro de las Mesas (fig. 27), de 468 d.C. El glifo A2 está colocado en lo que ya puedo sostener ser la cabeza de una serpiente que forma el tocado del personaje principal de la referida estela.
La misma deidad de nariz larga aparece en la parte inferior de una de las cuatro caras (en este caso, la posterior) labradas de la Estela Papaloapan (fig. 28); aquí la ceja está tratada esquemáticamente con un bloque cuadrado, lo mismo sucede con una de las entidades (fig. 29) que aparecen a los lados del dios de la muerte trabajado en barro crudo de la zona arqueológica de El Zapotal Número Uno, municipio de Ignacio de la Llave. Una limpieza posterior de la pieza por parte de Brígido Lara reveló mayores detalles en el trabajo de las incisiones, de tal manera que la ceja del Chac está formando una especie de flamas.
La Estela Papaloapan tiene una fecha inscrita muy deteriorada cuya reconstrucción de su Cuenta Larga inscrita en su lado "A", indica los numerales 8.10.4.10.0: 4 Ahau 18 Pax que cae el 22 de abril del año de 243 d.C (calendario Juliano).
Como es de esperarse, numerosos objetos del área cercana a La Mojarra (incluído Cerro de las Mesas) comparten características iconográficas con la Estela, especialmente con el glifo A2.
Una figurilla de cuerpo entero y sonriente (fig. 30), elaborada en barro del Centro de Veracruz (Medellín, 1983:114) porta un máxtlatl o cubre cadera, con un relieve que si se le posiciona a 90 grados hacia su izquierda, puede advertirse que se trata de una cabeza de serpiente con el glifo A2 débilmente insinuado.
Jesús Morales Fernández ha encontrado variadas representaciones de la ceja en objetos de El Tajín, acompañando especialmente a seres humanos, animales y entidades abstractas, fenómeno al que le ha dado el nombre de lacas-tapu, que en totonaco significa "ojo de frijol" por la semejanza morfológica con dicho fruto (comunicación personal, octubre de 1990; véase además el artículo al respecto del mismo autor en la sección de obras consultadas, al final). No obstante, cabe decir que las representaciones en las lápidas de El Tajín son diferentes a la tratada aquí con respecto al glifo A2 de La Mojarra.
En ocasiones la ceja puede confundirse con el párpado medio cerrado en la representación de varias deidades estelares, especialmente la del dios de la lluvia, tal y como aparece en el Códice Borgia (láminas 25, 38) y en otras representaciones numerosas. Algunos autores le han llamado "ojo de muerto", aunque tiene el significado de un cuerpo celeste nocturno.
Una reciente pieza en piedra en la forma de una columna con alto relieves representando a una serpiente (fig. 31), y procedente de Sierra, Montes de Oca, río arriba del Tuxpan, Veracruz, y entregada en enero de 1991 por un saqueador arrepentido al Museo de Jalapa, muestra el típico "ojo de muerto".
Las dos serpientes que forman el cinturón de una cihua de El Zapotal muestran una ceja insinuada con una suave línea horizontal y corresponden a una variedad conocida como "mazacuate", a la cual popularmente en el medio rural se le atribuye gran longevidad y sapiencia.
El sitio de El Zapotal está fechado entre los siglos 6 al 9 d.n.e.
En tanto, otra cihua de El Cocuite (fig. 32), de la misma área cultural de La Mixtequilla y La Mojarra, tiene en el tocado dos entidades con la ceja realzada, mirando a ambos extremos, y parecen figurar a Cipactli o "monstruo" de la tierra.
Casi todas las representaciones de dioses de la lluvia o Chac presentan el elemento ceja que los vincula a reptiles, como puede apreciarse en las esquinas de los ejemplos arquitectónicos del estilo Puuc de la península yucateca (véase al respecto Chichén Itzá y Uxmal, entre otros sitios). Un notable ejemplo de una entidad reptilínea que representa a Cicpactli o Itzmaná está en el disco de oro (Post Clásico Temprano) (fig. 33) recuperado del cenote sagrado de Chichén Itzá (Taube, 1989:6). Debe recordarse que para el pensamiento mesoamericano la tierra estaba sostenida por un gran lagarto. En náhuatl recibía el nombre de Cipactli. El borde exterior del disco muestra por sus cuatro lados a dicha entidad y en la parte inferior al caimán identificado por Taube.
En Monte Albán, la urna del templo 7 Venado (Caso, 1947, lám. xix) que es la representación del equivalente zapoteca del dios de la lluvia, Cocijo, presenta el glifo A2.
Una Estela de Tikal ampliamente conocida es la 9 (Soustelle, 1988:42), con una Cuenta Larga de 8.14.10.13.15, 8 men 8 kayab correspondiente al 11 de abril de 328 d.C., (Gregoriano) Tiene labrado un personaje que mira hacia la derecha, desde el punto de vista del observador. Entre otros elementos, presenta cuatro figuras que parecen corresponder a dioses Chac, por la nariz larga y curva; están distribuídos de la manera siguiente: uno a la altura de las piernas, dos pendiendo del cinturón y uno en la espalda del personaje.
Al igual, el personaje principal de LM contiene cuatro Chac, aunque sus posiciones son diferentes. Empero, la representación de la Estela 9 de Tikal no tiene el glifo A2.

Conclusiones
En un extraordinario y fiel dibujo de Fernando Noel Winfield Reyes basado en una fotografía del Relieve silueteado 2 de Kaminaljuyú (fig. 34), exhibido (Parsons, 1986, foto 164) en el Museo Nacional, Guatemala, se aprecian con lujo de detalles las finas incisiones secundarias grabadas en la piedra. Justamente sobre la parte superior de la nariz puede verse una hermosa cabeza de serpiente, la que considero es la clave para el desciframiento seguro de la entidad y el "maxilar inferior" que representa el glifo A2.
Lo que algunos autores llaman "garra de jaguar" (jaguar-paw) corresponde en realidad al elemento iconográfico figurado en el glifo A2 de La Mojarra. Como se vió anteriormente, el análisis iconográfico cuidadoso del corpus de piezas del sureste mesoamericano indica que se trata de la representación de un maxilar inferior humano (los elementos verticales son la apófisis coronoide y el cóndilo de la mandíbula) asociado a entidades reptiles.
Tocará a los lingüistas el esclarecer si existe alguna asociación semántica a nivel logográfico en las actuales lenguas nativas para esclarecer si una palabra tiene distintas aplicaciones y significados que merezcan haberse ejecutado en la época prehispánica.
Todo parece indicar que la ceja tiene la equivalencia a maxilar inferior, y está asociada a reptiles y probablemente al verbo "morder". Esto es, la representación de un maxilar inferior en la ceja de la serpiente se convirtió en un claro indicativo de una acción rutinaria (y peligrosa para la especie humana) del animal.
Numerosos ejemplos más seguramente aguardan ser descubiertos por el ojo avizor del especialista, pues los casos aquí citados no constituyen más que una pequeña fracción del universo mesoamericano, que espero pueda enriquecerse más adelante.

Listado de monumentos
Bilbao, Monumento 42. (Parsons, 1986, fig. 183; Quirarte, 1973, fig. 12, f).
Centro de Veracruz, Figura sonriente (máxtlatl). (Medellín, 1983:114).
Cerro de las Mesas, Estela 3. Museo de Xalapa.
Cerro de las Mesas, Estela 6. Museo de Xalapa.
Cerros, Estructura Sc-2nd. Fachada Este baja (Cortez, 1986:138, fig. 38).
Chiapa de Corzo, Hueso esgrafiado (Agrinier, 1960: ).
Chichén Itzá, Disco de oro. (Taube, 1989: 6). (Post Clásico Temprano).
El Cocuite, Cihua. Museo de Xalapa.
Copán, Temple 22. (Stuart, G.,1989:496).
Escuintla, Escultura en bloque de felino-sapo (Parsons, 1986: pl. 83).
Estados Unidos de Norteamérica. Dumbarton Oaks, Washington, D.C. Vasija en piedra, con una visión de serpiente incisa. 200 a.C. a 100 d.C. 12 x 14.2 cm (alto relieve). (Schele and Miller, 1986:192, pl. 67b)
Estados Unidos de Norteamérica. Utah Museum of Fine Arts. Salt Lake. Jade con Jester God. 600-800 d.C. (13 x 5 x 9 x 3.5 cm.) (Schele, and Miller, 1986:91, pl. 11).
Gran Bretaña. Museo Británico. Máscara de deidad, jade. 50-300 d.C. 23.2 x 15.6 cm. (Schele and Miller, 1986:93, pl. 15).
Isla de Sacrificios, Vaso. (Medellín, 1983:120).
Izapa, Estela 2 (Cortez, 1986:122, fig. 7; pág. 142, fig. 27).
Izapa, Estela 67. (Navarrete y Hernández Pons, 1985: 240).
Kaminaljuyú, (estilo). Personaje con tocado en forma de ave. (Hellmuth, 1987:228, fig. 480).
Kaminaljuyú, Estela 1. (Parsons, 1986, fig. 145; Barthel and von Winning, 1989:93).
Kaminaljuyú, Estela 5 (Parsons, 1986: foto 53), (Cortez, 1986:193, fig. 78).
Kaminaljuyú, Altar 9 (Cortez, 1986:142, fig. 27).
Kaminaljuyú, Altar 10 (Cortez, 1986:142, fig. 27).
Kaminaljuyú, Estela 10. (Parsons, 1986, ilus 175) (Cortez, 1986:200, fig. 81).
Kaminaljuyú, Estela 11. (Parsons, 1986, foto 169) (Cortez, 1986:196, fig. 81).
Kaminaljuyú, Estela 28. Museo Popol Vuh, Guatemala. (Parsons, 1986, foto 173).
Kaminaljuyú, Monumento 17. (Parsons, 1986: foto 128).
Kaminaljuyú, Monumento 49. (Parsons, 1986: foto 124).
Kaminaljuyú, Relieve silueteado 2. Museo Nacional, Guatemala. (Parsons, 1986, foto 164).
La Mojarra, Estela 1. (Winfield, 1988).
Monte Albán, Urna del templo "7 Venado". (Caso, 1947, lám. xix).
Papaloapan, Estela. Museo de Xalapa.
­ Santa Cruz Quiché, relieve silueteado. (Parsons, 1986, foto 165). En Estados Unidos de Norteamérica. New York. Museum of the American Indian.
Tres Zapotes, Estela D. (Norman, 1976: 314).
Zapotal, El. Cihua. Museo de Xalapa.
Zapotal, El, Mictlantecuhtli. (Gutiérrez y Hamilton, 1977, ilus).

Lista de ilustraciones
1. Glifos de La Mojarra y Glifo A2.
2. Dibujo del hueso 1 de Chiapa de Corzo.
3. Figura A del hueso 1 de Chiapa de Corzo.
4. Dibujo del diseño del hueso 3 de Chiapa de Corzo.
5. Figura D del hueso 3 de Chiapa de Corzo.
6. Figura E del hueso 3 de Chiapa de Corzo.
7. Estela 2 de Izapa. Detalle de la deidad pájaro principal.
8. Estela 2 de Izapa. Cabeza de la deidad pájaro principal.
9. Estela 67 de Izapa. Detalle de la cabeza de la deidad.
10. Cerros, Belice, Estructura Sc-2nd. Fachada Este baja
11. Cabeza de jade.
12. Máscara funeraria.
13. Vaso con serpientes.
13a. Dibujo parcial del vaso con serpientes.
14. Figura en vasija tipo Kaminaljuyú.
15. Estela 1 de Kaminaljuyú.
16. Estela 5 de Kaminaljuyú.
17. Altares 9 y 10 de Kaminaljuyú.
18. Estela 10 de Kaminaljuyú.
19. Estela 11 de Kaminaljuyú.
20. Monumento 42 de Bilbao.
21. Estela 28 de Kaminaljuyú.
22. Monumento 17 de Kaminaljuyú.
23. Monumento 49 de Kaminaljuyú.
24. Relieve silueteado de Santa Cruz Quiché.
25. Estela D de Tres Zapotes.
26. Estela 3 de Cerro de las Mesas. Detalle.
27. Estela 6 de Cerro de las Mesas.
27a. Tocado y ceja del tocado del personaje en la Estela 6 de Cerro de las Mesas.
28. Detalle inferior de la cara "C" de la Estela Papaloapan.
29. El Zapotal Número Uno. Entidad en el adoratorio principal de Mictlantecuhtli.
30. Centro de Veracruz. Detalle de máxtlatl en figura sonriente.
31. Tuxpan. Detalle de cabeza de serpiente en columna de basalto.
32. Cihuateotl de El Cocuite. Detalle del tocado.
33. Chichén Itzá. Disco de oro.
34. Relieve silueteado 2 de Kaminaljuyú. Detalle.

Créditos de las ilustraciones.
Pierre Agrinier, 2-6, 25
Constance Cortez, 7, 8, 10, 16, 17, 19
Guillermo Grajeda Mena, 18
Nicholas Hellmuth, 14
Justine Kerr, 13
Alfonso Medellín Zenil, 27
Lee Allen Parsons, 15
Roberto Rodríguez, 9, 11, 12, 29, 30
Linda Schele, 13a
George E. Stuart, 1
Karl A. Taube, 33
Fernando Winfield Capitaine, 22, 23, 27a, 28, 31, 32
Fernando Noel Winfield Reyes, 1, 21, 27a, 31, 34

Obras consultadas
Agrinier, Pierre. The Carved Human Femures from Tomb 1, Chiapa de Corzo, Chiapas, Mexico. Orinda, California. New World Archaeological Foundation, 1960 (Papers of the New World Archaeological Foundation, 6).
Barthel, Thomas S. and Hasso von Winning. Some observations of Stela 1, La Mojarra, Veracruz. IN: Tribus. Stuttgart (38):91-120, Dezember 1989.
Bonifaz Nuño, Rubén. El cercado cósmico. De La Venta a Teotihuacan. México. Fundación de Investigaciones Sociales, A.C., 1985.
Bonifaz Nuño, Rubén. Hombres y Serpientes. Iconografía olmeca. México. UNAM, 1989.
Caso, Alfonso. "Calendario y escritura de las antiguas culturas
de Monte Albán", I:115‑143. EN: Obras completas de Miguel Othón
de Mendizábal. México, 1947.
Códice Borgia. México. Fondo de Cultura Económica, 1980.
Cortez, Constance. (Thesis). The principal Bird Deity in Preclassic and Early Classic Maya Art. Austin. University of Texas at Austin, 1986.
Gutiérrez Solana, Nelly y Susan K. Hamilton. Las esculturas de
terracota de El Zapotal. México. UNAM. Instituto de
Investigaciones Estéticas, 1977.
Hall, Robert L. "Some implications of the Astronomical Associations of the La Mojarra Stela 1 and Tuxtla Statuette Long Count Dates". Scotland. University of St. Andrews, 1990.
Hellmuth, Nicholas. Monster und Menschen in der Maya‑Kunst. Eine Ikonographie der Alten Religionen Mexikos und Guatemalas. Austria. Akademische. Druck‑u, V Verlagsanstalt, 1987.
Kirchoff, Paul. Historia Tolteca-Chichimeca. México. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1974.
Lowe, Gareth W. "Izapa: Between Olmec and Maya", p. 72-86. IN: John P. O'Neill (Editor). Mexico. Splendors of Thirty Centuries. New York. The Metropolitan Museum of Art, 1990.
Medellín Zenil, Alfonso. Monolitos olmecas y otros en el Museo de la Universidad de Veracruz. México. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1971.
Medellín Zenil, Alfonso. Obras Maestras del Museo de Xalapa. Xalapa. Gobierno del Estado de Veracruz, 1983.
Morales Fernández, Jesús. "Tajín: Grandeza y esplendor". 2 partes. EN: Política, 5 y 6 de enero de 1991.
Navarrete, Carlos y Elsa Hernández Pons. "Ensayo sobre el sistema de transporte en Atitlán, Guatemala: Un lago maya de Tierras Altas". EN: Estudios de Cultura Maya. México. UNAM. 16:207‑253, 1985.
Norman, V. Garth. Izapa Sculpture. Part 2. Text. Provo, Utah. Brigham Young University (New World Archaeological Foundation, Papers, 30), 1976.
Parsons, Lee Allen. The Origins of Maya Art: Monumental Stone Sculpture of Kaminaljuyu, Guatemala, and the Southern Pacific Coast. Washington, D. C. Dumbarton Oaks (Studies in Pre‑Columbian Art and Archaeology, no. 10), 1986.
Quirarte, Jacinto. El estilo artístico de Izapa. México. UNAM, 1973.
Ramón Lligé, Adela. "Origen de un jeroglífico zapoteca", p. 275-280. EN: XII Mesa Redonda de Antropología. Religión en Mesoamérica. Cholula, Puebla. Sociedad Mexicana de Antropología. 1972.
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Robertson, Merle Greene. "The Celestial God of Number 13". IN: Triptych (52):26-31, September/October 1990.
Schele, Linda. Notebook for the XIVth Maya Hieroglyphic Workshop at Texas. March 10‑11, 1990. Austin. The University of Texas, 1990.
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Stirling, M. Stone Monuments of Southern Mexico. Washington, D.C. Smithsonian Institution, 1943.
Stross, Brian y Kent Reilly. "Cielo y Tierra: del ícono al glifo". EN: Extensión. Universidad Veracruzana. Jalapa. (38):30-41, enero-marzo, 1991.
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Taube, Karl A. Itzam Cab Ain: Caimans, Cosmology, and Calendrics in Postclassic Yucatán. Washington, D.C. Center for Maya Research, August (Research Reports on Ancient Maya Writing,
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Winfield Capitaine, Fernando. La Estela 1 de La Mojarra,
Alvarado, Veracruz, México. Washington, D. C. Center For Maya Research, 1988 (Research Reports on Ancient Maya Writing, 16).
Winfield Capitaine, Fernando. "Relaciones iconográficas de la Estela 1 de La Mojarra y otros monumentos". Manuscrito presentado en San Francisco, California. Precolumbian Art Research Institute y Museo de Young, 1990. (Inédito).
Sábado 20 de abril de 1991.
[1] Paul Kirchoff. Historia Tolteca-Chichimeca. INAH.
[2] Berlín, Heinrich. "El Glifo 'Emblema' en las Inscripciones Mayas". EN: Journal de la Société des Américanistes, 47:111-119, París, 1958.
[3] Tatiana Prouskouriakoff. "Historical Implications of a Pattern of Dates at Piedras Negras, Guatemala." EN: American Antiquity 25:454-475, 1960.
[4] Carolyn Tate cit por Robert L. Hall, 1990.
[5] El cercado cósmico, ilus. 30, 30a, p. 56,57, Hombres y Serpientes, láms. 74-77.
[6] Winfield Capitaine, 1988.
[7] Agradezco a Merle Greene Robertson, del Pre-Columbian Art Research Institute de la Universidad de Tulane en San Francisco, el envío de los dibujos de Grajeda y dos rubbings, uno elaborado por Porter y otro por ella misma, de la Estela 10 de Kaminaljuyú. A Martha Macri le doy las gracias por el dibujo reconstructivo de los glifos de la citada Estela 10, a cargo de James Porter.

Saturday, January 27, 2007


LOS ANIMALES EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA

Por Fernando Winfield Capitaine

Cuando se iniciaron los estudios de iconografía hace varios lustros, fue común interpretar a las diferentes figuras representadas en estelas, vasijas, lienzos y demás obras culturales prehispánicas como dioses, "monstruos", o seres metafísicos presuntamente inventados por la imaginería precolombina. Designaciones tales como monstruos Cauac, Jester God (o dios "bufón") y otras, revelan la actual dificultad por comprender la naturaleza zoológica de seres reales que fueron llevados a la representación gráfica en los tiempos precolombinos.
En una primera etapa se dieron las representaciones naturalistas, para posteriormente llegar a modelos más abstractos, y por ende, más difíciles de diagnosticar.
La frecuente superposición de elementos que integran los conceptos indígenas, seguramente fueron dominados excelentemente por las antiguas civilizaciones mesoamericanas. La pérdida de esa visión del mundo ocasionada por la conquista hispana y por el tiempo, hacen trabajosa en la actualidad la identificación de las partes que integran el todo que estamos contemplando frente a la obra de arte. El único método posible es tratar de descomponer la estructura en mínimas partes coherentes, cual si se tratara de un rompecabezas con variadas partes integradoras. Luego, analizar y comparar cada uno de los rasgos de la estructura con todas las representaciones conocidas, dudando más de los dibujos que de las fotografías. Ideal sería poder disponer de calcas para poder analizar verazmente los relieves.
Un avance importante en el esclarecimiento de la iconografía, fue el descubrimiento por Heinrich Berlin Neubart del llamado "glifo emblema", toponimia ligada a sitios dominados por linajes reinantes mayas.
Posteriormente, Tatiana Proskouriakoff precisó más las representaciones, al descubrir en Yaxchilán y en Piedras Negras que los personajes representados en las estelas, correspondían a gobernantes reales que habían vivido ahí, iniciándose así la práctica reciente de identificar con nombres propios a los gobernantes antiguos.
La hipótesis de que las lecturas astronómicas determinaban la mayoría de los casos de factura de los monumentos mayas, tan en boga en la década de los treinta, fue parcialmente abandonada para retomarse con mayor intensidad en los últimos años. Así, C. Tate (cit. por Hall) ha vinculado los eventos políticos en Yaxchilán, a los astronómicos, configurando de esa manera los gobernantes mayas la "justificación" celestial de su ascensión al poder y el inicio o coronación de sus empresas guerreras y comerciales.
Toca a la moderna antropología buscar los orígenes de algunas representaciones, en el estudio detallado de las especies animales que vivieron o aún viven en el área de estudio.
Lamentablemente, muchas especies desaparecieron o están en vías de extinción, por lo que es necesaria la colaboración del biólogo a fin de reconstruir y/o esclarecer las características anatómicas y los hábitos de muchas especies, estudio que puede contribuir a arrojar mayor luz sobre las figuraciones que plasmaron los antiguos en la piedra, la arcilla, y demás materiales empleados en la elaboración de sus objetos de arte.
Ya Bonifaz Nuño (1985, ilus. 30, 30a, p. 56,57; 1989, láms. 74-77) ha contribuido ejemplarmente a demostrar lo útil que es conocer perfectamente a las especies que poblaron un hinterland anterior, aportando la presentación de estudios anatómicos de algunas especies, llegando a diferenciar a la serpiente del jaguar, que le ha permitido aclarar algunos errores de apreciación en los estudios arqueológicos, tales como la de pensar que el jaguar era el leiv motiv de los olmecas del periodo preclásico.
Rubén Bonifaz Nuño en sus investigaciones iconográficas afirma que las primeras representaciones de la ceja de la serpiente aparecen en Teotihuacán, pasando a Cacaxtla; de ahí a las culturas del Golfo, para finalmente retomarla ya la cultura azteca, en la forma de un petate (comunicación personal de 15 de diciembre de 1990). Es decir, tenemos disponible una cambiante elaboración estética de más de 15 siglos, en torno a uno de los animales fundamentales de la civilización mesoamericana, la serpiente.
Otro trabajo reciente de Kent Reilly (1990) acerca del chamán en su actitud de transformación, inscrito en el tema del gobierno en el arte olmeca, descifra la naturaleza zoológica de una antigua representación iconográfica en varios monumentos de Chalcatzingo, Cuenca alta del río Balsas, Juxtlahuaca, San Lorenzo, Teopantecuanitlán y del estado de Veracruz, llegando a la conclusión de que se trata del sapo Bufo marinus.
Un trabajo reciente de Robertson (1990) sobre el Dios Número Trece, ofrece la posibilidad de relacionar al animalito representado como un hipocampo o caballito de mar.
Casi todas las representaciones de dioses de la lluvia o Chac presentan el elemento ceja que los vincula a reptiles, como puede apreciarse en las esquinas de los ejemplos arquitectónicos del estilo Puuc de la península yucateca (véase al respecto Chichén Itzá y Uxmal, entre otros sitios). Un notable ejemplo de una entidad reptilínea que representa a Cicpactli o Itzmaná está en el disco de oro (Post Clásico Temprano) recuperado del cenote sagrado de Chichén Itzá (Taube, 1989:6). Debe recordarse que para el pensamiento mesoamericano la tierra estaba sostenida por un gran lagarto. En náhuatl recibía el nombre de Cipactli. El borde exterior del disco muestra por sus cuatro lados a dicha entidad y en la parte inferior al caimán identificado por Taube.

Saturday, December 09, 2006

SEMBLANZA CARLOS OKHUYSEN DELEZE

Sábado, 09 de Diciembre de 2006

En este 2006 que está por terminar, un propósito desde hace meses (fue al visitar su tumba el 11 de septiembre) ha sido el escribir una semblanza sobre mi maestro de Piano, Carlos Okhuysen Deleze, en el centenario de su nacimiento. ¿Qué más puedo hacer en signo de gratitud a quien desde los 7 años de edad me inició en el difícil arte de tocar un instrumento muy complejo; quizá el más complejo de todos los referentes a la música? Dicen que el cello se parece a la voz humana, pero el piano, señores, es un instrumento de percusión muy rudo.
Tantas semblanzas que he escrito me hizo suponer que redactar esta sería un asunto muy fácil. Pero no ha sido así, ante la falta de documentación en el archivo de la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, de la cual Carlos fue Director en el entonces llamado Conservatorio. Sólo entretejiendo recuerdos personales con los de otras personas que lo tratamos de cerca y durante muchos años, será posible trazar un boceto sobre él.
Pero el día de hoy 9 de Diciembre de 2006 he recibido noticias alentadoras. Se comunicó conmigo Guadalupe López Pérez proponiéndome que nos reunamos con Charito Lomán, y sobre la plática irán saliendo gasas de información para formar un colorido velo sobre su vida truncada en 1969; es decir, falleció a los 63 años de edad.
Recuerdo a una Rosario Lomán compungida de tristeza y llanto que me pasa en el mes de mayo de 1969 unas cuartillas preparadas por ella y escritas a máquina para que yo las leyese en el acto solemne que hicimos para despedir su cuerpo en el vestíbulo principal del Conservatorio de la calle Sebastián Camacho. Me armé de entereza y leí su mensaje que era la despedida que le hacíamos los alumnos al Maestro.
Ni que decir que el vestíbulo del Conservatorio estaba lleno, y ahí, su ataúd, a mitad del espacio para recibir su despedida.
Apenas el año anterior (1968) recibí mis últimas clases con él, haciendo un esfuerzo grande pues ya estaba casado y con mucho trabajo, haciendo mi tesis de maestría, y soportado el gas lacrimógeno en la calle de Lucio en Xalapa, por el movimiento del 68.
Recuerdo como si fuera ayer, una lluviosa y fría tarde de invierno en el mes de febrero de 1954, en que mi padre, halándome de la mano me llevó al Conservatorio. Después dec una larga espera nos recibió el Director del Conservatorio, el Maestro Carlos Okhuysen Deleze. En resumidas cuentas le dijo a mi padre que yo no tenía manos de pianista (pues eran muy pequeñas) y cómo no, con 7 años de edad; que ya tenía el cupo lleno; por fin me preguntó que porque no estudiaba violín, a lo que le contesté que las notas agudas del violín no las soportaba; el salón de piano tenía una ventana pegada a la calle de Sebastián Camacho; era el anexo de la Dirección. A mucho rogar me aceptó como su alumno.
Pero había un problema, en casa no teníamos piano por lo que mi padre rentó uno propiedad de Tinita la vecina. Mi madre hizo economías y un día nos dio la sorpresa: había comprado una pianola convertida a piano en 2 mil pesos de aquellos; por fin en 1961 estrené un piano alemán al que no le gustó al maestro pues dijo que tenía el teclado muy suave. Era un Förster comprado en la Casa Verkamp de México. Un día al llegar de mis clases de 3º. de Secundaria me llevé la sorpresa del piano en casa junto con su correspondiente embalaje de madera los cuales tuvieron que subir al 2º. piso del departamento donde vivíamos: Allende 93 y luego, 133. Todavía lo conservo esperando un golpe de dinero para arreglarlo completamente, después de varias experiencias fallidas de afinadores que incluso me robaron dinero; se iban con los entorchados pagados y nunca tuve noticia alguna más ni de mis entorchados ni de mi dinero. Los entorchados son las cuerdas rotas que se tenían que llevar para fabricarlas a su calibre.
O enseñas piano o eres un ejecutante. Esto lo sabe cualquiera. El tiempo lo dedicas a una u otra actividad. Pero en el Maestro renació el deseo de hacer ejecuciones públicas y todavía recuerdo cuando interpretó el Concierto para la Mano Izquierda, en honor a un soldado que había perdido la mano derecha en la Primera Guerra Mundial. Fue en el antiguo Teatro Lerdo, ubicado en la calle actual de Altamirano, hoy derruido y que sirve de un gigantesco estacionamiento en el corazón de la ciudad. Lo acompañó la Orquesta Sinfónica de Xalapa. Ahh, cómo fueron a derruir ese famoso Teatro Lerdo, pleno de evocaciones para todos los xalapeños, pues inclusive era cine de 3 categorías: Luneta, Palcos y Galería o gayola bautizada popularmente.
También, Okhuysen asistió a un curso de perfeccionamiento pianístico, impartido por el gran pianista francés Bernard Flavigny quien se ocupó de atraer la música de los impresionistas franceses, tales como Debussy, Fauré, Rameau y otros más. Ello fue en el Paraninfo del Colegio Preparatorio.
Sabemos que nació en Guadalajara, y antes de la Segunda Guerra Mundial fue a perfeccionarse a Francia pero creo que por la guerra tuvo que regresar a México. Su maestro fue Phillipe quien fue discípulo de Czerny; y este a su vez de Ludwig van Beethoven, por lo que orgullosos sus alumnos nos sentimos alumnos de Beethoven, el genio de Bonn, por 4ª generación.
El Maestro siempre vistió muy pulcro con unos zapatos pesados tipo Bostoniano. Nunca dejaba el cigarrillo; se colocaba a la izquierda del teclado, y en la parte superior del piano ponía su cenicero, dejando que se consumieran totalmente los cerillos de madera con los cuales encendía sus cigarrillos. De hecho, pocas veces aspiraba el humo de tan ocupado que estaba corrigiéndome la ejecución.
Siempre fue muy severo en la enseñanza; sólo en contadas ocasiones se echaba unos chascarrrillos a costa de uno. Por ejemplo, cuando un día me preguntó de dónde era y le dije que de El Mentidero, contestó: “Ahh, de donde son los mentirosos”. Un día y cansado de la boma, le expliqué que Mentidero significaba “lugar donde se reúne la gente a conversar”. A partir de entonces ya no me hizo el comentario.
Se ponía muy nervioso cuando a alguno de sus alumnos nos tocaba pasar a tocar el piano en el fin de año por lo que se celebraban recitales en el Colegio Preparatorio. Andaba por el pasillo fumando. Pocas veces felicitaba a uno aunque a otras personas les hacía comentarios sobre nuestros avances en la ejecución pianística.